Federación Española de Comerciantes de Electrodomésticos

Cuidado con el mensaje…

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Hemos vivido una época de creciente sofisticación en los electrodomésticos, de forma que tienen tantas funciones y tan específicas que muchas veces los menos expertos se pierden en el momento de utilizarlos. Pasa un poco como en los teléfonos móviles, que los fabricantes han tenido que volver a comercializar teléfonos que solo sirven para llamar, pues hay una generación de nativos analógicos que sólo los quieren para eso, y no usan -es más, les estorba- la multitud de funciones adicionales que tienen.

Por eso vemos recientemente algunos electrodomésticos que muestran, como atractivo para su comercialización, funciones sencillas al alcance de los menos versados en su uso, incluso con botones de un color distinto para los programas más usuales.

Esto en sí parece correcto, pero luego, en el momento de publicitar este electrodoméstico, algunos de los mensajes utilizados quizá resulten demasiado agresivos. Por ejemplo, en un reciente anuncio que pone de relieve lo fácil e intuitivo que es poner una lavadora, indica que esto es muy útil para acabar con la brecha de género en el hogar, y que hasta un niño puede hacerlo. Pero en el mensaje en sí, no se está incitando a que ponga la lavadora un niño, sino un hombre.

La verdad es que está muy bien que se incida en la corresponsabilidad en las tareas del hogar, pero hay que tener cuidado con los mensajes: si lo que estamos diciendo es que un hombre, por muy alto directivo de una empresa que sea, por ejemplo, solo puede poner la lavadora si esta tiene un único botón, ¿qué imagen de ellos estamos proyectando? ¿Que son tan inútiles que no pueden indicar un programa, una temperatura y una velocidad de centrifugado?

Quizá estos mensaje perpetúen los estereotipos, pero al revés: como estamos asumiendo que no vas a participar en las labores de la casa y no vas a dedicar dos minutos a entender cómo funciona un aparato (aunque te metes en tutoriales de YouTube para conectar la impresora por wifi, por ejemplo), necesitas un botón «para hombres». Resulta un poco humillante y bastante contraproducente… no el botón, que seguro resulta muy útil, sino el mensaje en sí.

Vamos a cuidar el mensaje para no generar reacciones negativas y que nadie piense que lo están llamando tonto… y asumamos que tanto hombres como mujeres son perfectamente capaces de manejar la tecnología si esta se explica correctamente. Sobre todo, si nos hace la vida más fácil.

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